"Mientras yo estaba atrancada en los tacos, veía pasar muchas bicicletas a mi lado"

ENTREVISTA
María Teresa Arboleda
Mamá – Negociadora Internacional – Magister en Mercadeo

 

CC: ¿Cómo era tu movilidad antes?
MTA: Siempre carro particular y tacos.

 

Antes de la pandemia trabajaba en oficina, vivía en Envigado y trabajaba en El Poblado.

 

En la mañana era más fácil llegar pero en la tarde fácilmente eran 45 o 50 minutos.

 

CC: ¿Cuál fue ese punto de inflexión, el momento en el que decidiste montarte en el cuento de la bici?
MTA: Cuando yo estaba atrancada en los tacos, me pasaban muchas bicicletas convencionales y eléctricas, por la mitad, por los lados… y se le notaba a esa gente como esa tranquilidad, esa facilidad.

 

Y pasaban “zuuzzzz” y uno ahí detenido en el carro sin tener para dónde arrancar.

 

Empecé a buscar en  Internet, a preguntar, muy pocos de mis conocidos tenían bicicleta pero quienes la tenían se morían de la felicidad.

 

Entonces buscando en internet encontré a Obikes, una clave muy importante para tomar esa decisión fue como me atendieron los pelaos, porque me dijeron que ellos podían darme información pero que me invitaban a que viniera y conociera de cerca las bicicletas, que me montara en una.

 

Así fue.

 

Y en una conversación muy sincera en cuanto a necesidades y presupuesto llegamos a una alternativa que podía ser mi
bicicleta, salimos a hacer una prueba de ruta y yo me enamoré y la compré.

 

CC: ¿Cómo fue ese inicio?
MTA: Al principio muchos nervios.

 

Decidí salir primero un domingo muy temprano, que no había casi carros.

 

Yo llevaba sin montar en bicicleta años.

 

Hice la ruta completa de la casa al trabajo y de ahí a la casa.

 

Sin carros me demoré 15 minutos en cada trayecto.

 

Casi me caigo como 80 veces, porque hacía mucho no montaba en bicicleta.

 

Y llegó el lunes en el que tomé la decisión, que aunque llueva, truene, relampaguee o lo que sea, me voy en la bicicleta nueva.


Me armé de valor y arranqué.

 

Iba obviamente con casco, con la luz.

 

Pero igual siempre falta algo de cultura en el tema del respeto al ciclista.

 

Entonces me fui por la orilla, con mucho susto al principio, llegué a la oficina sudando de los nervios pero feliz. En la tarde mis compañeros me vieron el casco y me dijeron como, “qué, ¿estás en bicicleta?”.

 

Les conté que había comprado bicicleta eléctrica, nadie lo podía creer.

 

Y se fue volviendo como un día a día espectacular, yo salía feliz para la oficina en la bicicleta.

 

Al principio me iba por la transversal superior, luego me di cuenta que por la avenida El Poblado me iba mejor.

 

Me parecía más fácil para llegar a la oficina, así hubiera más carros.

 

Me iba por la mitad como si fuera un carro más. Nunca me llegaron a pitar ni a insultar, nada.

 

Igual la bicicleta anda medio rapidito.

 

Entonces, cada día fue mejor.

 

Y luego llegó la pandemia y nos mandaron para la casa.

 

CC: ¿Qué barreras has encontrado al recorrer la ciudad en bici?
MTA: Sería muy bueno que hubiera muchas más ciclo rutas.

 

Y otra cosa importante, es la cultura de respeto, cuando me iba orilladita, me pasó un par de veces que buses y busetas escolares me pasaban a 2 milímetros… Cero respeto por el espacio de uno que iba orillado.

 

CC: Ya que vives en la parte alta de El Poblado, cómo te ha ido con las lomas?

MTA: Porque es un tema al que la gente le tiene un poco de sustico…


Obviamente, la dificultad sube un poquito, porque no es una bicicleta que ande sola, pero no es imposible.

 

Yo soy muy sedentaria y nunca me “quedé” o pensé: “Dios mío, no voy a llegar”.


Es un pedaleo constante y es así, lento, así sea subida.

 

Cero esfuerzo, cero difícil.

 

Es simplemente tener paciencia porque no va a ir tan rápido, obviamente, como cuando está en plano o en bajada.

 

Pero uno con paciencia y pedaleando constantemente, llega sin ningún problema.


CC: ¿Cómo te ha ido con las pintas de oficina y la bici? ¿Has tenido que cambiar algo de tu
estilo personal para ser una ciclista urbana?

MTA: Ningún problema con la ropa.

 

A la oficina me iba de jeans, si me quería poner unos tacones o algo especial, me lo llevaba en las alforjas y me iba de tenis.

 

Usaba mi ropa normal, con un buzo o una chaqueta, llegaba al trabajo y me los quitaba, me ponía los zapatos altos y listo.

 

Cero problemas con las pintas.


CC: ¿Cuáles son las cosas buenas que has encontrado en la bici? Esa experiencia de ir al trabajo en bicicleta, ¿qué cosas buenas te ha dejado?
MTA: Como ser más consciente del momento en el que uno se está transportando.

 

Uno en carro va pensando en cualquier otra cosa y como manejando en automático, mientras que en bicicleta
vas alerta, viendo la naturaleza, respirando… disfrutas más el espacio.

 

Me di cuenta que cosas que antes no veías, las vi.

 

Me daba cuenta de cosas como, que al lado de un puente por el que paso mucho había una casita que nunca había visto.


Me sentía super en ventaja cuando estábamos en un taco, pues, cuando estaban los carros en un taco y yo podía pasar por la mitad o por un lado muerta de la risa.

 

Me sentía como la reina del mundo, era una sensación como: “¡Chao, yo voy mejor que ustedes!”.

 

CC: para terminar quería saber cómo ves en tu empresa el tema de la bicicleta. ¿Crees que las organizaciones deberían pensar más en la bicicleta?
MTA: Total. Eso representa menos costos.

 

Por ejemplo, en la empresa donde trabajo, subsidian la mitad del parqueadero en un edificio cercano, imagínate si todo el mundo va en bicicleta es un ahorro importante para la empresa.

 

Es que ya nadie va a decir: llegué tarde por el taco.

 

Es que todos estamos contribuyendo al medio ambiente.

 

Pienso que todas las empresas deberían incentivar y premiar la movilidad sostenible.


CC: ¿Qué es lo mejor de andar en bici?
MTA: Es una sensación muy chévere. Como sentir el clima, el aire… no sé.

 

Es como estar más conectado con la vida.

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